Una especie de pérdida constante del nivel normal de la realidad.


El Pesa-nervios, Antonin Artaud


martes, 9 de junio de 2009

AUNQUE EL FINAL SEA AMARGO

Aunque el final sea amargo no sé qué pedís para empezar si no es un terremoto en vuestro estómago, antes de que sea tarde, porque todo cambia aceleradamente y no queda otra alternativa que tomar el camino más limpio, el de la furia, o el de la venganza hacia uno mismo en lo alto del colchón un pájaro respira aliviado cargando las tumbas en sus hombros y los cuchillos afilados como una vuelta al lugar desconocido, al santo lugar deshabitado donde sólo habitan fantasmas que se entremezclan con los flujos sanguíneos y en pleno acto sexual el minotauro.

Aunque el final sea amargo en un ramo de flores secas y la garganta dispuesta al abandono entre su pierna y la búsqueda, los brazos caídos como casi todos los frisos de mármol de los templos asediados por el sol. El viento recrea en su muñeca la lejanía del augurio que hace temblar y golpea la memoria. Como un bache de fuego, que impide el paso a una turba de deseos que se atropellan, que dejan caer sobre el agua estancada en tus vísceras un juguete de plástico que se quema, arrullado por el vencejo y el halcón sobre sus garras de vino y fábula teatral.

La comedia no ha acabado, el último planeta rueda por los cuartos de la mansión donde alguna vez vivió mi familia antes de que los caballo llegaran a por los niños. No hace falta subir a un camión sin ruedas, no hay que partir en dos la noche de todas las grietas, no hay que ajustar cuentas con el futuro. La comedia no ha acabado, es hora de irse. El gozo de batear una ilusión marchita, aún aumenta otro poco para que nada se pierda, para que todo retorne, y se repita hasta el infinito, para que las sábanas, que poco a poco se enfrían, pierdan el color amarillento de los perros rabiosos y hambrientos que han construido un acantilado en mi labio inferior.

Según avanza la quietud, el miedo se expande, y lamentarás no haber nacido en un clima más cálido, que ayude a soportar la visión constante, en las paredes y muros, de una mirada más profunda que las raíces de un baobab milenario en los desiertos donde no nace nada sin helechos reproduciéndose en las palmas de las manos.

2 comentarios:

Álvaro dijo...

Tenemos que hablar del uso de la primera y tercera persona para afrontar los poemas.

Te dejo un pequeño poema en prosa de mi querida Alejandra Pizarnik, sería bueno que te hicieras con "Extracción de la piedra de la locura y otros poemas". Además de haber poemas en prosa está su lírica íntima y una última parte totalmente neurótico-surrealista:

"La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al son de su ebriedad. Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta."

Abrazos,

FEDERICO OCAÑA dijo...

Tengo el libro de Pizarnik, y lo he leído; de ese poema no me acordaba bien, pero es genial.

Tenemos que hablar