Nunca el agua ni el frío ni las ojeras ni el piso que se hunde en el fondo de la marisma donde los patos nadan órbitas concéntricas más allá de la guarida de un silencio oscuro de una planicie furiosa medicamento de gracia y tirada de fortuna todavía cuando presa del pánico atravieso los rincones que vieron girar la terminal del aeropuerto en un lanzar al vacío las razas y las banderas y todo eso era poco más o menos una lluvia de refugiados políticos sedientos de venganza porque la nieve derrite y el agua descalza vuelve a bromear como una niña asmática que la semana no tiene ocho días ni siete ni el agua ni el frío ni las ojeras ni el piso que se hunde en forma de aguacero hidromiel o tiro al blanco hueco redondo ovalado y romo con la hipnosis en el calor de la música callada y la atmósfera sobre el muro al fin un disparo y todo o nada donde el guante no cabe en la mano si no tiene dentro una joya que lame con violencia hasta aquí llegamos de calcetines abarrotados los piojos del cuero cabelludo caramelo en forma de x si tiras la papeleta al aire y luego rezas los minerales encontrados y puestos en cajas de papel reciclado vuelan vuelan ojos arrancados de piel reciclada reciclar el cíclope de aventura traviesa es el último hipódromo que queda por visitar y los caballos no quieren fregar los platos sin un contrato que asegure que el sacerdote tiene en sus manos la escopeta de caza donada por el museo o quizás no tire el dardo antes que la barba se le encrespe como si no tuviera suficientes problemas la canción de una barca que puede preciarse de ser una barca de la canción tal vez no vea más allá sus costillas de éter
Una especie de pérdida constante del nivel normal de la realidad.
El Pesa-nervios, Antonin Artaud
viernes, 27 de noviembre de 2009
viernes, 13 de noviembre de 2009
AULA DE POESÍA EN EL CENTRO CULTURAL PACO RABAL EL 18-NOVIEMBRE
Aula de poesía con Federico Ocaña (Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid):
el miércoles 18 de noviembre a las 20 horas en el Centro Cultural Paco Rabal
Dirección: calle Felipe de Diego, 11
Cercanías: Asamblea-Entrevías
Autobuses: 57, 144
jueves, 29 de octubre de 2009
martes, 27 de octubre de 2009
AQUÍ Y AHORA
Pasamos la página del tiempo, y conservamos el instante en que la imagen queda grabada en la memoria, como si todavía hubiese una remota posibilidad de conseguir una línea horizontal, un tiro en la frente y nada más que el rugido intranquilo de la pantera enjaulada. Eso está bien, eso está mal: por mucho que ataquemos los años y el agua nos niegan la razón, y la costilla invertebrada, y la nación de bandera y pañuelo en ristre, sollozos en cada puerta, puñales en las mejillas; libertad para escuchar y escribir la tierra bajo el océano, la anguila eléctrica descargando una corriente en todas las olas en que pescan los cazadores de gaviotas. Quizá en otro momento, cuando nos hartemos de comer y beber la sangre coagulada de debajo de un vientre arañado por un animal aún sin clasificar dentro de la familia de los mamíferos cetáceos -ángel o perro abandonado, qué más da. Libro abierto, libro cerrado.
domingo, 25 de octubre de 2009
EN LA VIDRIERA
En la vidriera huecos extraños y vasos de viaje, un nido de aves acuáticas que emigran hacia valles verdes como giros de esquizofrenia sin freno.
Las demás canciones se callan, vuelven a sus casas con las cabezas bajas, como en una concentración silenciosa contra la ambición escupidera de un desesperado en plena luz -la temperatura sube escandalosamente, también los jugos gástricos y las cifras de accidentes de coches.
Aunque no sepamos la causa, el principio es infalible; contra los magos, contra los colegios, contra los atardeceres, contra las vallas, contra los coches, contra las balas, contra el labio inferior, contra las lápidas y los peces, contra el discípulo descarriado que esconde los institutos tirados por el suelo de la planta de quimioterapia: la correa, el síndrome, el golpe. Una muela que cruje y un ángel que cruza la carretera con pies de plomo y a cuatro patas; mañana el grito, la despedida.
Mañana la frágil llama de la palabra que no brota. El cuello de la letra grabada, el corte frontal, la rosa teñida de halcón, que planea los vidrios y jeringuillas -lobos apretados en el metro, reclusos impotentes que silban melodías aplastados contra la cuchilla de afeitar temblor de la espina dorsal, el manicomio tapado con lonas de circo.
Las demás canciones se callan, vuelven a sus casas con las cabezas bajas, como en una concentración silenciosa contra la ambición escupidera de un desesperado en plena luz -la temperatura sube escandalosamente, también los jugos gástricos y las cifras de accidentes de coches.
Aunque no sepamos la causa, el principio es infalible; contra los magos, contra los colegios, contra los atardeceres, contra las vallas, contra los coches, contra las balas, contra el labio inferior, contra las lápidas y los peces, contra el discípulo descarriado que esconde los institutos tirados por el suelo de la planta de quimioterapia: la correa, el síndrome, el golpe. Una muela que cruje y un ángel que cruza la carretera con pies de plomo y a cuatro patas; mañana el grito, la despedida.
Mañana la frágil llama de la palabra que no brota. El cuello de la letra grabada, el corte frontal, la rosa teñida de halcón, que planea los vidrios y jeringuillas -lobos apretados en el metro, reclusos impotentes que silban melodías aplastados contra la cuchilla de afeitar temblor de la espina dorsal, el manicomio tapado con lonas de circo.
sábado, 24 de octubre de 2009
RÍE EL MAR
Ríe el mar, el vestido se desgarra y se deja acuchillar una vez más, como si la ficción no pudiera penetrar en la realidad, y desnudarla, y hacerla también poema. Después de las calles en forma de espiral natural, un globo salta desde un balcón con una pintada que anuncia cosméticos para quemar la cara de enfermos terminales que habitan las vías abandonadas del metro en alguna ciudad dividida por un sol agazapado.
Vista de un puente: la misión de los hombres que lo atraviesan es secreta, nadie ha conseguido sacar de sus labios la palabra, la clave que nos haga comprender el tránsito lento de una ribera a la otra. La contaminación aguarda detrás de cada niño. No hay soledad sin trastorno, sin la ceguera amarga de quien sabe que los días no acaban sino que se enredan, en una lucha pesada e igualada, unos con otros.
Los músicos que esperan el semáforo en verde para proclamar la palabra en el desierto, los lobos que copulan con los leones, y los espacios vacíos, y las nubes horadadas por punzones invisibles que brotan de las jaulas brillantes en los brazos sangrantes que vomitan su consuelo entre mis párpados.
Vista de un puente: la misión de los hombres que lo atraviesan es secreta, nadie ha conseguido sacar de sus labios la palabra, la clave que nos haga comprender el tránsito lento de una ribera a la otra. La contaminación aguarda detrás de cada niño. No hay soledad sin trastorno, sin la ceguera amarga de quien sabe que los días no acaban sino que se enredan, en una lucha pesada e igualada, unos con otros.
Los músicos que esperan el semáforo en verde para proclamar la palabra en el desierto, los lobos que copulan con los leones, y los espacios vacíos, y las nubes horadadas por punzones invisibles que brotan de las jaulas brillantes en los brazos sangrantes que vomitan su consuelo entre mis párpados.
domingo, 27 de septiembre de 2009
JUEGO DE MANOS
Juego de manos: cementerio abierto por la extensión del incesto, los huevos vacíos de las aves rapaces, y el tinte usado para el pelo.
Mentiras, una detrás de otra, desfilando marcialmente, dispuestas a estrellarse por su bandera -o cualquier otra excusa. Un grupo de leones atraviesa la sabana, donde espera encontrarse con el baobab más enano del mundo, que decrece aún más por momentos.
¿Y los juegos? ¿Y las manos? En un remolino de sexos sin cremas, en una trampa mortal para aplausos innumerables, en una alambrada llena de crucifixiones sin rematar, llenas de silencio, de locura, de leche cortada y dientes de oro.
Las voces de otro tiempo que se acercan y aumentan el miedo y paralizan la hora en que los verdugos tiritan entre las piernas de sus madres.
Allí también ocurre el día, allí también los muros derribados, las estatuas sin ojos, los mosaicos arrancados, las fuentes secas.
Allí, es decir, aquí, en el último terreno del vacío, la última puerta de emergencia que es capaz de separar el amor de la ternura, la compasión del asesinato, la escritura y la muerte.
Nuestros brazos no son sino muestras imprecisas de un lenguaje que ya sólo existe en nuestra memoria.
Mentiras, una detrás de otra, desfilando marcialmente, dispuestas a estrellarse por su bandera -o cualquier otra excusa. Un grupo de leones atraviesa la sabana, donde espera encontrarse con el baobab más enano del mundo, que decrece aún más por momentos.
¿Y los juegos? ¿Y las manos? En un remolino de sexos sin cremas, en una trampa mortal para aplausos innumerables, en una alambrada llena de crucifixiones sin rematar, llenas de silencio, de locura, de leche cortada y dientes de oro.
Las voces de otro tiempo que se acercan y aumentan el miedo y paralizan la hora en que los verdugos tiritan entre las piernas de sus madres.
Allí también ocurre el día, allí también los muros derribados, las estatuas sin ojos, los mosaicos arrancados, las fuentes secas.
Allí, es decir, aquí, en el último terreno del vacío, la última puerta de emergencia que es capaz de separar el amor de la ternura, la compasión del asesinato, la escritura y la muerte.
Nuestros brazos no son sino muestras imprecisas de un lenguaje que ya sólo existe en nuestra memoria.
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